El viaje de la alta sensibilidad: de la vulnerabilidad incomprendida a la resiliencia y liberación en entornos rígidos.
Por Ester Rodríguez.
HoyLunes – Los humanos son animales sociales que viven en comunidad y que buscan continuamente relacionarse y conectar con otras personas, lo que les ha permitido, con el paso del tiempo, desarrollar culturas, tradiciones y estructuras sociales.
Dentro de cada comunidad se pueden crear otros grupos más pequeños que pueden tener costumbres más arraigadas y normas más rígidas, o bien pueden tener una mente más abierta y ser más flexibles.
¿Qué ocurre cuando un miembro de la comunidad se sale de las normas o reglas no escritas o no se comporta como se espera de él?
Cuando una persona menos sensible accede a un grupo «cálido», podrá destacar por ser más independiente, pero normalmente no dudarán de que es «fuerte y capaz» y, por lo tanto, valioso. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando una persona sensible entra en un grupo «rígido»? Probablemente se le verá como una amenaza, ya sea por su forma de pensar, su forma de actuar o por ser subestimado por su aparente fragilidad.
Y no es un tema de actitud. Hay personas que pueden nacer con una sensibilidad creativa y emocional muy marcada y se puede apreciar desde que son bebés.
Suelen ser niños buenos, risueños y bastante obedientes. Cuando empiezan a crecer, empieza a observarse la parte negativa: niños con más apego de lo normal hacia sus familiares, más miedosos que prefieren huir a tener que defenderse ante un conflicto, nerviosos y ansiosos ante cualquier cosa desconocida o fuera de su círculo habitual.
En la escuela, el resto de compañeros enseguida se dan cuenta e interpretan que es frágil y débil, y que pueden hacer lo que quieran con él sin consecuencias, porque saben o detectan que también son personas prudentes y no van a contar lo que realmente ocurre.
¿Entonces son buenos o malos para la comunidad?
La realidad es que estas personas, lejos de ser débiles, son capaces de detectar patrones, sentimientos ajenos o acciones en los demás que para otros pueden pasar desapercibidos.
Se sienten distintos o raros y, por ese motivo, tienen pocos amigos y el resto suele excluirlos, por lo que, por supervivencia, suelen desarrollar una altísima capacidad de resiliencia, de resolución de conflictos o de búsqueda de soluciones por la vía pacífica y, sobre todo, son capaces de leer a las personas cercanas.
Las personas sensibles, lejos de ser débiles, desarrollan una altísima capacidad de resiliencia y una habilidad única para leer y comprender a quienes les rodean.

Cuando crecen y se muestran más seguros, con más capacidad de resiliencia para hacer lo que se propongan, pasan de ser ignorados a ser una amenaza para las personas que se sienten líderes y especiales, porque son difíciles de controlar y son difíciles de predecir.
¿Entonces qué pasa con ellos?
Si el ambiente es más abierto y comprensivo, se les dará margen para que puedan decidir qué hacer en función de lo que quieren y de sus habilidades. Terminarán encontrando su lugar en el grupo y, además, encontrando otro círculo más afín a ellos, siendo respetados por todos.
Sin embargo, si el ambiente es frío y rígido, tardarán más en encontrar su lugar porque primero vivirán en modo supervivencia, ya que actuarán en base a lo que se espera de ellos, aunque sientan que algo no está bien.
Su entorno intentará que estudien y hagan lo que es mejor para todos y, por supuesto, aceptarán lo que les diga la mayoría porque aún son jóvenes y pensarán que es lo correcto porque, al fin y al cabo, son los diferentes y los que hacen cosas «raras».
En paralelo seguirán manteniendo conexiones y relaciones no reales. Su círculo será superficial y se moverán por otros intereses distintos, como es el éxito social, material, económico, etc.
Como estas personas «diferentes» tienen como motor la sensibilidad, el amor y las conexiones reales, llegará un momento en que el vacío será tan grande que tendrán que trabajar sus límites y explorar sus capacidades reales para poder cambiarse de trabajo y de entorno personal.
El trabajo interno será más largo y costoso pero, si finalmente sacan su personalidad no condicionada, es más probable que se conviertan en personas más fuertes, completas y felices, con una gran capacidad para sacar adelante sus propios proyectos y, a la vez, mantener relaciones sanas. Tendrán todas las áreas de su vida más equilibradas, consiguiendo lo mejor de los dos grupos.
Un ejemplo que puede ayudarnos a reflexionar sobre esto es el de la princesa Lady Di: nació perteneciendo a la nobleza británica, conocida por ser muy tradicional y con unas normas muy estrictas de etiqueta y de seguridad.
Se casó con Carlos, el príncipe de Gales, entrando en una familia con unas normas aún más inflexibles y no tenía margen para ser ella misma hasta que, con el paso de los años, reunió el valor suficiente para separarse y hacer su vida. Una vez se liberó, siguió dedicándose a lo que le gustaba, que es el activismo humanitario y el servicio público, pero de una forma más activa.

